La infidelidad en la era de la informática
El otro día me contaron la historia de la niña que le revisó el iPhone al pololo y que por ello se dio cuenta de que él salía o al menos había salido con otra bajo la excusa de salir con el hermano. Una serie de malas improntas: que él le mienta, que ella le revise el teléfono, que él no borre los mensajes. La niña se preguntaba si encararlo. La respuesta fue: no, porque no le puedes decir lo que hiciste, te metiste en su espacio privado, así que cero moral para decir nada. Omisión por omisión, nomás.
Cuando me terminaron de contar la historia, dije: “Y como diría Drexler, ‘y en flashbacks de celos aún siguen llegando las frases que nunca debió haber leído’“. Después le dije a la niña que mejor escuchara el tema entero. Se llama “La infidelidad en la era de la informática”.
Moraleja: cada persona con su iPhone, con su Inbox, con su compu. Una vez ya me pasó algo así… por cierto que “no hay contraseña, prudencia, ni pin, que aguante el embate de un cracker celoso”. Una lata. Por algo mentirá la gente, pero no se puede andar espiando; aparte que fijo que te tropiezas con alguna cosa más o menos dolorosa, o al menos, incómoda.












