¿Por qué no volvería a comprar un reloj inteligente? (Por ahora)

Hace pocos días finalizó el 2016, un año sin lugar a dudas complicado en muchos aspectos, pero que nos dejó también sorpresas agradables en el mundo de la tecnología: los automóviles autónomos están a la vuelta de la esquina, los autos eléctricos se vuelven mucho más accesibles, los teléfonos sin bordes (como el Xiaomi Mi MIX) se pueden ordenar ya desde GearBest, y los smartwatches están ¿a la baja? 

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Xiaomi Mi MIX, una de las sorpresas del año

Un segmento que no termina de convecer.

Por allá del 2012 se vio nacer el primer intento satisfactorio de llevar un reloj inteligente a las masas con el Pebble original. Esto no quiere decir que antes no hubieran existido intentos de hacerlo, pero Pebble supo capturar la atención de todos nosotros geeks con la idea de llevar a tu muñeca las notificaciones que llegaban a tu smartphone; con él uno podía sentirse en el futuro, viviendo en una suerte de película de ciencia ficción con la diferencia de que esta era real.

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Adelantémonos hasta el 2016 y ahora vemos que varias compañías que habían saltado al tren de los relojes inteligentes (Motorola, Huawei y LG) se retiran de la contienda sin fecha para su regreso. Apple sigue siendo la número 1 en ventas de smartwatches, pero no porque su reloj realmente innove en el segmento, sino porque los productos de Apple suelen ser codiciados por lo que representan por encima de lo que ofrecen.

¿Qué sucedió entonces si se suponía que el 2016 iba a ser el año en que estos wearables despegaría?

Y el 2014, y el 2015…

Mi experiencia con tres smartwatches

El problema fundamental con los smartwaches (y el mismo en el que se atoraron las tablets) es su conflicto de identidad: ¿qué debe realmente hacer un reloj inteligente?

Estoy seguro de que no soy el primero que se hace esa pregunta, y de que Google, Apple, Samsung se la han hecho también. He tenido tres relojes inteligentes hasta ahora: un Pebble, un Moto 360 y un Gear S2, y los tres he terminado por venderlos. ¿Por qué?

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En los tres casos sentí que el reloj no hacía demasiado, o incluso complicaba un poco las cosas. Es cierto que la habilidad de ver la hora y las notificaciones al mismo tiempo sin sacar el teléfono era bastante útil, ¿pero qué más fuera de eso?

El verdadero desastre: pretender que el reloj también es un smartphone.

La variedad de las aplicaciones que podía instalar en el reloj era bastante grande: tenía calendarios, juegos, monitores de actividad, galería de fotos, vamos, hasta una “linterna”. Pero la mayoría se sentían incompletas o innecesarias. Es decir, ¿para qué quiero una linterna en el reloj o ver las fotografías de mis vacaciones en una pantalla de pulgada y media?

Y es que ese es el verdadero desastre: pretender que el reloj también es un smartphone.

Un reloj es práctico porque es inmediato, está ahí para que lo contemplemos por unos segundos y después nos olvidemos de él. El reloj inteligente no cumple con este propósito siempre, es decir, cuando la muñeca vibra podemos ver la notificación y responderla o descartarla (eso es inmediato y útil), ¿pero qué hay de cuando la acción requiere de sacar el smartphone para terminar la tarea?

Es ahí cuando el reloj no simplifica, sino complica las cosas, porque bien podría uno solo sacar el teléfono, responder, revisar o jugar y listo, un par de toques menos. Y esto sucedía, en más o menos medida, con los tres smartwatches que tuve.

De los tres Pebble supo atacar el problema de la funcionalidad con mejores resultados, pues se acercaba más a una pieza tradicional de relojería con sus botones e interfaz sencilla.

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El Gear S2 y su bizel giratorio hacían navegar por el reloj una delicia, pero la falta de soporte de terceros y la gigantesca cantidad de aplicaciones sobradas en él, además de no ser 100% compatible con teléfonos que no fueran Samsung lo limitaba mucho.

El Moto 360 me dejó la peor sensación (aunque su integración con Android fue la mejor de los tres) y es que, además de las notificaciones y Google Maps, no encontré mucho más que pudiera ofrecerme.

Encontrando la solución

Haciendo a un lado su debilidad más obvia (la batería), estos relojes carecen de algo que me parece fundamental en cualquier reloj: ser indispensables para algo en lo que el smartphone no lo es.

Y entonces seguro me dirán “ay, Ricardo, duh, eso es obvio”, pero parece no serlo para los fabricantes de relojes. Cada año vemos cómo nuevas características son añadidas a estos wearables, pero nunca vemos que se sacrifique modernidad por utilidad.

Creo que la mejor aplicación que he usado en un smartwatch es Google Maps en Android Wear, y no porque pueda ver un mapa en miniatura (cosa que sí hace), sino porque evita de verdad que saque mi teléfono cuando camino o viajo en bicicleta.

Esa es la clave: aplicaciones que solo se puedan utilizar con el teléfono en mi bolsillo. Si tengo que sacar mi teléfono para continuar con lo que hago ya no sirve, pierde todo el sentido. Google Maps en la muñeca justo hace eso, evita que tenga que mirar mi teléfono en la bicicleta que es, por demás, peligroso.

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Un buen reloj inteligente (y en eso Pebble casi le da al clavo) hace eso. Los desarrolladores y fabricantes deben enfocarse en hacer cosas para las que solo el reloj sea bueno, no importa si no son tan numerosas como todas las apps en Android o iOS.

Por años hemos visto que la mejor manera de interactuar con un reloj es a través de los botones: uno no mira dónde tocar para parar un cronómetro, solo sientes el botón y lo paras. Lo mismo debería suceder con el smartwatch.

Una razón más por la que los monitores de actividad siguen vendiendo es porque son mejores que solo los podómetros que algunos teléfonos incorporan, y todavía no vemos un smartwatch lo suficientemente bueno como para sustituirlos (el Apple Watch 2 se acerca bastante).

En conclusión

Si la nueva generación de relojes inteligentes hace justo lo que menciono arriba, entonces cuéntenme en las filas de los compradores. Lo que quiero de un smartwatch no es imitar o lo que ya hace mi teléfono, y que además hace bien, sino algo para lo que el reloj no tenga comparativa.

La clave es conseguir algo para lo que la pantalla, la interfaz y la forma del reloj sea adecuada, pero que la pantalla, la interfaz y la forma de un teléfono no.

4 Respuestas. ¿Quieres RESPONDER? to “¿Por qué no volvería a comprar un reloj inteligente? (Por ahora)”

  1. Entonces, Braulio Vázquez sí dispondría de dinero para fichar a lo largo del
    mes de enero. El nombre de reloj de fichar” originó hace décadas,
    cuando los sistemas de control de presencia para
    efectuar el seguimiento del horario laboral de los empleados eran relojes mecánicos que
    funcionaban con fichas de cartulinas.

  2. El carboncillo tiene la particularidad de que se puede borrar bastan de forma fácil, con lo
    que hacer figuras sobre esto va a ser bastante fácil.

  3. Quienes agraden de los dibujos les va a maravillar esta secuencia de anime, es muy
    romántica y tierna, y recuerda mucho la inocencia
    del primer beso, lleno de pudor y tanto nerviosismo,
    y no sabíamos como aproximarnos con timidez a la persona
    que tanto nos gusta para por fin hurtarle un beso de amor.

  4. Voy a poner alguna de las fotos que tengo de las encontradas en el jardín y los alrededores, que son muchas.

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